
Ecuador ha dado pasos agigantados en la diversificación de su matriz eléctrica. Si bien históricamente el país ha dependido de la fuerza del agua, el 2026 se perfila como el «año de la construcción» para las energías no convencionales. El enfoque se ha centrado en fortalecer el núcleo eólico del sur, aprovechando la experiencia exitosa de proyectos como Villonaco y Minas de Huascachaca.
La gran noticia de este año es el impulso a la inversión privada bajo el nuevo marco regulatorio. El Gobierno ha anunciado licitaciones estratégicas que buscan incorporar cientos de megavatios eólicos para complementar la generación hidroeléctrica, especialmente necesaria durante las épocas de estiaje. Proyectos como Villonaco III, con una capacidad estimada de 110 MW, avanzan en su cronograma para entrar en operación comercial completa, demostrando que la geografía andina ecuatoriana es un corredor de viento privilegiado.
Además, la integración de tecnologías híbridas está tomando fuerza. El país está explorando la combinación de parques eólicos con sistemas de almacenamiento en baterías, lo que permite estabilizar la entrega de energía a la red. Con el apoyo de organismos internacionales como la CAF, Ecuador no solo busca apagar las alertas de déficit energético, sino posicionarse como un referente de sostenibilidad en la región. El viento en las provincias de Loja y Azuay ya no es solo un fenómeno natural, sino el combustible de la industria nacional.
